Querida:
¿Te acuerdas de aquella vez
que el marqués de Sade me propuso hacerte el amor con los ojos vendados?. Seguí
su recomendación y te describo cómo me sentí.
Sentí que me entregaba a ti
a oscuras, con los ojos cerrados, sin ver nada ni pensar en el porvenir, y
centrado solo en el ardiente momento presente que sólo sentía el contacto con
tu piel.
Me sentí como ciego a todo
lo que escuché, a todo lo que yo mismo proclamé, a todo lo que tenía a mi
alrededor. Me sentí como ciego al placer que iba a sentir, pero lo experimenté
muy sensualmente, porque sabía que tú estabas allí, aún sin poder verte, y me
sentí como si te viera en la oscuridad de los propios poros de mi piel que se
sentían apegadas a la suavidad de la tuya.
Con la venda puesta, no veía
nada, pero te pude hacer el amor, y el resto lo hiciste tú, que me enamoraste
tanto, que al final me pareció muy fácil y fascinante todo eso, y no quise
quitarme la venda hasta que los dos alcanzábamos sendos y repetidos orgasmos.
Ahora, cuando vuelvas, te
tocará a ti vendarte los ojos, y hacerme el amor a mí con los ojos cerrados, y
sentirás que igualmente sin verme, puedes amarme con esa intensidad sin fin.
Igualmente la idea de que
los dos hagamos el amor con los ojos vendados, me seduce....., ¿qué te parece
la idea?
Te espera, te quiere y te
desea con todo fervor, tu amante, le Vizconde du Valmont.
No hay comentarios:
Publicar un comentario